diotimacomunità filosofica femminile

per amore del mondo Numero 1 - 2003

Visibile e invisibile

Diótima, Approfittare dell’assenza. Punti di avvistamento sulla tradizione.

Diótima, Approfittare dell’assenza. Punti di avvistamento sulla tradizione.  Nápoles: Liguori, 2002. 223 págs.,

13,50 e.

 

 

Aprovecharse de la ausencia. Observatorios de la tradición, es un libro nacido de dos de los “seminarios grandes” que ofrece desde hace años en otoño, en la Universidad de Verona, la comunidad filosófica femenina Diótima. Esos dos seminarios se titularon Un testo e i suoi doni (Un texto y sus dones, 1999) y Tradire il passato (2000). Tradire significa varias cosas: “traicionar” y “engañar”, pero también “denotar” y “revelar”. Los artículos que componen este libro –el séptimo de los publicados por Diótima-(1) piensan originalmente todos esos sentidos en lo relativo a la historia, así como los dones que a algunas de las autoras les han hecho algunos textos famosos de la tradición filosófica y política occidental. Colaboran en él Annarosa Buttarelli, Lara Corradi, Vita Cosentino, Ida Dominijanni, Francesca Doria, Luisa Muraro, Anna Maria Piussi, Diana Sartori, Wanda Tommasi y Chiara Zamboni. El título del libro se inspira en una de las muchas intuiciones inteligentes que nos ha legado Carla Lonzi; escribió en Escupamos sobre Hegel: “La diferencia de la mujer consiste en haber estado ausente de la historia durante miles de años. Aprovechémonos de esta diferencia: una vez lograda la inserción de la mujer ¿quién puede decir cuántos milenios transcurrirán para sacudir este nuevo yugo?” (2)

 

La feminización de la universidad a lo largo del siglo XX, en especial a partir de la década de los setenta, ha dejado en muchas mujeres una sensación ambivalente: una sensación, en el corazón, de amor por las grandes posibilidades de libertad que el conocimiento –el sumergirnos entre libros- nos ha ofrecido a muchas; a su lado, en los nervios, y mezclado irremisiblemente con el amor y la libertad, ha quedado un aburrimiento infinito ante gran cantidad de las cosas estudiadas.

 

La búsqueda femenina de libertad en el conocimiento y el estudio se está dando en los sitios más dispares del mundo: en Irán, por ejemplo, el 63% del alumnado universitario son hoy mujeres; en España, en el curso 1998-99, eran alumnas el 63% de estudiantes de la Universidad de Barcelona y el 61% de la Complutense de Madrid.(3) Pero el aburrimiento persiste.

 

Se trata de una situación histórica de doble tirón para las mujeres universitarias y quizá, también, para sus madres, que fueron, en general, quienes las impulsaron a estudiar y ahora se encuentran con que las hijas hablan un lenguaje ajeno. Además, las mujeres estamos siendo las que más estudiamos una tradición elaborada excluyendo el sentido libre de la diferencia de ser mujer, en un momento en el que cada vez más hijos de los autores de esa tradición huyen de la universidad y se refugian, al parecer, unos pocos en casa y la mayoría en los lugares en los que se sirve al dinero y a las guerras.

 

De esta experiencia femenina ambivalente, mezcla a veces explosiva de gravedad y de gracia,(4) dan cuenta, recreándola a lo grande, los artículos que forman este libro, artículos que se deslizan con gran maestría y belleza entre, por una parte, los vericuetos sinuosos de algunos textos vertebradores de la tradición occidental, como El banquete de Platón, el Evangelio según san Mateo o la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789, y, por otra, algunos episodios brillantes de la historia humana y de las mujeres, como los salones de las preciosas en la Europa del siglo XVII, la espiritualidad casi tangible de la escritura de Cristina Campo o el movimiento político femenino y feminista del último tercio del siglo XX.

 

Unos capítulos nos descubren la libertad que nace de la dependencia y de la relación, en particular del tomar a la madre concreta y personal como maestra que guía a la hija entre los textos de hombres, no con su erudición sino con la huella indeleble de sentido de la verdad y de la trascendencia que cada madre deja en su criatura al enseñarle a hablar. Esto –y más, sin duda- es lo que hacen Wanda Tommasi (Di madre in figlia), Diana Sartori (Ma chi te lo fa fare?), Francesca Doria (Il lievito della libertà), Annarosa Buttarelli (Tabula rasa) y Vita Cosentino (Basta che parli. Lettera a una professoressa riletta da una professoressa). Otros capítulos desvelan algunos de los muchos ámbitos de historia de las mujeres –o sea, de historia- que aparecen cuando una deja de caer en la tentación de criticar la exclusión: lo hacen Luisa Muraro revelando con mucha originalidad lo que sabía del amor Diótima de Mantinea (La maestra di Socrate e mia), Lara Corradi releyendo audazmente los cuentos de hadas (Ciò che non si può né vedere né toccare), y Chiara Zamboni (Momenti radianti) interpretando con extraordinaria felicidad la mucha historiografía que ya hay sobre los salones y las preciosas de la Francia moderna. Finalmente, Anna Maria Piussi (Sulla fiducia) e Ida Dominijanni (Nella piega del presente) valoran con precisión y sabiduría las vicisitudes que están pasando en el presente las invenciones simbólicas de la política y el pensamiento de la diferencia sexual, tanto las dificultades que encuentran sus prácticas para ser acogidas y transmitidas fielmente como la constatación de cuánto las necesitamos hoy para vivir con sentido en un mundo transformado por los hechos de Génova de julio de 2001 y los de Nueva York y Washington el 11 de septiembre.

 

Una de las tesis sobresalientes de este libro es el percatarse de la intermitencia de la historia de las mujeres: intermitencia libremente escogida. Esto quiere decir que las mujeres, que obviamente estamos siempre en la escena de la historia, nos inscribimos simbólicamente en ella solo de vez en cuando, cuando queremos y logramos inventar prácticas que son por sí mismas felices, tanto si hacen como si no hacen tradición. Nos inscribimos nosotras en la historia, no somos incluidas o añadidas por políticos o autores más o menos generosos o perspicaces. Estoy de acuerdo con esta tesis. Me atrevería solo a añadir que tendemos a intervenir haciendo historia en un ámbito concreto de lo real cuando ese ámbito se ha apartado tanto del orden simbólico de la madre que requiere un gesto civilizador oportuno y radical.

 

 

notas:

 

  1. Dos de ellos se pueden leer en castellano: Traer al mundo el mundo. Objeto y objetividad a la luz de la diferencia sexual, (trad. de María-Milagros Rivera Garretas, Barcelona: Icaria, 1996) y El perfume de la maestra. En los laboratorios de la vida cotidiana, (trad. de Nuria Pérez de Lara Ferré, Barcelona: Icaria, 2002).
  2. Carla Lonzi, Escupamos sobre Hegel. La mujer clitórica y la mujer vaginal (1972), trad. de Francesc Parcerisas, Barcelona: Anagrama, 1981, 16.
  3. Tomo el primer dato de Lia Cigarini, Libertà senza emancipazione, “Via Dogana” 61 (junio 2002) 3-4, p. 3; los otros, de Las mujeres en el sistema educativo, Madrid: CIDE-Instituto de la Mujer, 2001, 93.
  4. Préstamo de Simone Weil.