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Sostener el caos

… déjate tocar por lo que está pasando…

 

 

Una voz, femenina singular… que aunque torpe, propia.

 

 

Cuando estas palabras vean la luz, los campamentos de indignados e indignadas serán ya atrevimiento de existencia en las pequeñas asambleas de barrio, un nuevo desafío. Todo – desde la manifestación del 15 de mayo que fue su origen, hasta la decisión de levantar los campamentos de las plazas de nuestras ciudades – habrá mudado y, este espacio de relación que sigue siendo encuentro con otras y otros, con la esperanza de un presente posible y diferente, se contagiará…

 

Estas palabras, que dicen nuestro deseo de estar en presencia, conversación a dos voces, son encargo de una maestra, Diana Sartori, que tiró del hilo de nuestras cabezas una mañana de domingo en el Círculo de la Rosa. Es probable que no hubiésemos coincidido – cuerpo con cuerpo – sin la mediación del Seminario que Duoda organiza en Verona para las alumnas de su master online y que cuidan nuestras profesoras de Diotima y de la Librería de Mujeres de Milán. Pero allí estábamos, sintiendo la emoción que recién se estrenaba… y aquí estamos, también, en este decirse que es complejo y revoltoso, lleno de deseo. Un escribiendo que no quiere ser avaluación sino, más bien, un dejarse tocar por lo que está pasando y me contagia.

 

Así nace este deseo de escribiendo, que cosemos a cuatro manos. Y que no sólo nombra la necesidad de habitar el desorden, sino que es desorden que quiere nombrar: el malestar que siento, sientes, sentimos ante la necesidad de contratar con el capitalismo, de cómo sé que este malestar es un síntoma del final del patriarcado, de mi presentimiento que la “revolución será feminista o no será”. De la evidencia, como dice Luce Irigaray, de una mediación universal sexuada en femenino que desplaza lo simbólico y abre la posibilidad a lo no dicho… mediación que es verdadera, y es para mujeres y para hombres.

 

De  este modo… me respondes, y presumo que lejos de la versión oficial de los hechos reside la herencia de una experiencia maravillosa, nunca dicha, que es la emoción de saberte vinculada a la conciencia compartida, que no colectiva. No guarda relación con la identidad sino con la oportunidad de una lectura del momento presente, de este ahora y aquí, con otras y otros que, de diversos modos y por distintos caminos, han llegado a la singularidad de un pensar revelador. Que es videncia de la verdad que acontece en nuestro tiempo. Y el 15M es este salto que me libera de lo colectivo y me permite esta experiencia maravillosa que es saberme vinculada a un espacio compartido, que se resiste a la uniformidad de lo colectivo. Esta es la política de las mujeres que cierra la réplica a la dialéctica de los partidos políticos, la política identitària del a favor y en contra, para abrirse a la relación.

 

El 15M es espacio que alumbra lo precario en nuestras vidas: vivienda, trabajo, salud, educación… la complejidad de alcanzar la materialidad imprescindible para que la vida tenga lugar en esta sociedad del capital, andrajosa y desprovista de razones, que perece ante la sinrazón de una contingencia hecha de remiendos. No existe zurcido que tape el boquete de malestar abierto en estos últimos tiempos, que son, los del final del patriarcado. Tiempo de luz, que me abre al cuidado de este mágico hallazgo que es la libertad femenina. Tiempo, también, de cerrazón, puesto que no es tarea fácil sostener el deseo dentro de los márgenes y no siempre la deserción – que es persistentemente y necesariamente en dos sentidos: simbólico y material – es posible y coincidente.

 

Quizá la independencia simbólica del patriarcado, con la que las mujeres hemos anunciado el final de una época y hemos abierto la posibilidad a lo inaudito, sea lo más urgente. Pero requiero, también, necesariamente, de una contingencia de realidad material que me sostenga, pues su falta me obliga a un salto al vacío o al dolerme entre lo que siento que es y la opresión de esta tiranía trenzada de materialidades insalvables. Me ahogo, me asfixio en las estructuras en ruinas de un sistema que se desmorona y en el que no se inventarme, salirme, salvarme. Escucho el rugir de la revolución, este canto de sirenas que me enfrenta a la verdadera temeridad de – seducida por la maravillosa experiencia de compartir la eufórica visión de la urgencia – encadenarme a la repetición de lo mismo, saberme engullida por la violencia que destruye cuando no sabe crear las relaciones y las mediaciones para que la libertad sea el lugar y no el fin, con el que se justifican todos los medios.

 

Estoy en la calle, escucho el crepitar humano que, hambriento de vida, da un paso hacia delante ante la miseria de un mercado de trabajo que cada día nos exige más y nos ofrenda menos. Una evidencia que la presencia de las mujeres, nosotras, que llevamos la vida acuestas y a todas partes, ha desvelado ante el aterrador y persistente eco lejano de la nada que retumba, insistente, en los vacíos discursos de los que se pretenden representantes de la entelequia, cargos a sueldo de esta democracia que los partidos políticos, obsoletos en sus formalidades, han secuestrado. Es momento que yo, que tú, que rompamos el cerco a la mediación  universal sexuada en femenino, porqué sabemos de la urgencia de un desplazamiento simbólico que reconozca la aportación femenina civilizadora, su más, no para incorporarlo a sino, más bien, para que sea el centro de enunciación de este tiempo y este lugar.

 

Y, sin embargo, te confieso que tengo miedo al anhelo de un mañana repleto de imprevistos: porqué sé de la fecundidad del desequilibrio y cuánto, se nutre del caos, la inventiva creativa. Pero me acobarda este canto de sirenas que me empuja a la dialéctica acomodaticia de la contra; la facilidad con la que me escurro y aparezco sin darme cuenta fabulando estrategias en este tablero de ajedrez del que ya he resuelto prescindir. Porqué así es, cuando no soy verdad, desaparezco. Y, aunque parezca otra cosa, lo más difícil es arriesgar la oportunidad para que algo verdadero acontezca.

 

Sigo, sigues, persigamos… y pienso: el proselitismo es una de las mayores tretas del capitalismo andrajoso y agónico de estos tiempos del final del patriarcado; es una actitud vital imprescindible para la supervivencia de los partidos políticos, es la ideología que monopoliza la escuela y la universidad, puesto que en la convicción que nos lleva a convencer a los demás no hay lugar para pensar(se)… habilidosa artimaña, forzado artificio de dualidades confrontadas que se debaten – siempre y por todo – en el a favor y en contra. También con el 15M, el proselitismo quiere convencerme(nos) de la necesidad de organizar y planificar, instituir y establecer… para cerrar la brecha abierta de libertad. Y, sin embargo, el caos es la respuesta, y sostener el caos es nuestra prueba – primera persona del singular.

 

Regreso inoportuna a perderme en las calles ruidosas, porqué siento que aunque no pueda sí quiero construir otro lugar de manufactura, donde el trabajo se convierta en tarea y los quehaceres guarden relación con la vida de cada día. No quiero una vida sujeta al horario de la ausencia de lo humano. Requiero silencio, el murmullo de las voces me empuja y algo dentro de mí se mueve. Soy política en singular, no delego ni requiero de representaciones, soy viviendo cada día y, ahí, resuelvo.

 

Ando, y esta vez es de vuelta, tengo una respuesta a mi interrogación primera. Ahora si me atrevo: soy revolución – gracias a la mediación de Hannah Arendt. Siempre primera persona del singular, siempre pasaje que se anda, que ando, sin más obligación que la obediencia al ser. Convencida finalmente de la importancia de habitar el desorden, justo en el tiempo no necesariamente previsto – más bien no sé cuánto tiempo – sostengo el caos con el deseo de abrir una grieta a la creación femenina, invención imprescindible: la mediación universal sexuada en femenino para que en el mundo acontezca otro posible, otro diferente que no sea la repetición de lo mismo. Abro, junto a otras mujeres, una puerta a la esperanza, que es SIEMPRE, TAMBIÉN AHORA.

 

Veo con mis ojos un mundo nuevo, lo otro que existe desde siempre y se revela al final del pasaje, que ando y es enunciación del final del patriarcado. Camino que me transforma y me brinda la independencia simbólica y, sin embargo, no desata mi necesidad de contratación con el mercado de trabajo – reducto de fórmulas y estructuras capitalistas – hilo de necesidad insalvable que me ata… sigo, trato de encontrar, todavía, el modo de desatar el nudo de las necesidades materiales.

 

El final del patriarcado convierte la organización capitalista en un lugar más inhabitable, inhóspito, sin oxígeno, falto de medida femenina y de mediación amorosa. Así, este tiempo, torna urgente la necesidad – emergencia – de una invención que esté más allá, en otro lugar, lejos del modelo capitalista. Puesto que sus razones ni son verdaderas ni son creíbles por más tiempo. Las mujeres desplazamos del centro del discurso al mercado de trabajo que es un lugar de presencia, donde hay mucho de estar en el estar, pero que cada vez se halla más deshabitado de significados originales (que sean origen). Tan lejos de la vida que algunas se atreven a escoger la libertad de su ausencia, sin miedos, sabiéndo(se) en el empeño de convertir los sueños en materia.

 

No tengo meta, no hay destino, soy mientras tanto… no nos empujemos hacia un desenlace, no hay prisa, requiero del tiempo suficiente para alumbrar, para habitar la nada. Puesto que comprender y saber no son la misma cosa. Y aunque todavía no sepamos, si comprendo la necesidad de esta ocurrencia, y hasta ahí… y ya veremos que ritmo, que tiempos. Quiero abrir la posibilidad a una nueva política, a riesgo y cuenta de no saber qué puede acontecer. Mi compromiso es dejar de practicar el control del sentido, devolviéndole al ser humano su medida del mundo, libre de preceptos, desocupada y ociosa, lista para pensarse des de la experiencia del cuerpo.

 

Asumo el riesgo que implica asumir la responsabilidad de constituirse en foro político permanente, sin dueño que represente. No hay voz, somos voces: dejándonos tiempo y espacio – existiendo ahora, en el mientras tanto, sin fisgonear el futuro con planificaciones y calendarios, desprovistos del exceso omnipotente de quién se cree director del caminar ajeno. No cabe aquí ni la figura del portavoz autorizado ni la conciencia crítica, porqué esto es presente y se vive en primera persona del singular, es suma compartida, que no alienación colectiva. Experiencia de libertad que no necesita de líder para ser contexto político – no nos expliquen – somos.

 

La política de las mujeres es una creación artística que admite las dificultades, las acoge y transforma las prácticas. Sostener el caos, cuando el mensaje no es cifrado ni lección de argumentos listos para una campaña de proselitismo, cuando hay malestar y deseo verdadero, cuando no podemos encerrar tanto en un discurso manido de gastadas palabras que no saben decir este tiempo. Cuando inventar es la urgencia.

 

La reivindicación de una distribución equitativa de la riqueza material (sólo) es el riesgo a que se pierda la visión de lo importante, a que este sea un no moverse, una oportunidad atascada ante la voluntad por intentar estructurar lo concreto. Y sé de la necesidad de poner orden, puesto que sin orden no hay simbólico – pero hoy lo más difícil, y a la vez lo más imprescindible, es sostener el desorden que permite desplazar lo que ahora ocurre de la dialéctica binaria, escapar a la política del uno, no perderme en el debate de posiciones, en el a favor y en contra.

 

Me queda aún demasiado por resolver, muchos cabos por atar… y, sinceramente, me sé resuelta a admitir que justamente desentenderme de la imperiosa necedad que me empuja a organizar el caos es la tangente que me abre la posibilidad del infinito. He ahí el roto que agrieta el cerrado sistema para que yo pueda inventarme, subversiva, un andar que sea sentido en el mundo.

 

Inventar requiere de tiempo… sostengo (sostengamos) pues, el caos de un ahora que se abre.

 

 

 

Paula y Carme, Carme y Paula en conversación, escribiendo en relación.

 

Barcelona y Madrid, 15 de junio de 2011

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