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Presentación del XXX Seminario Internacional de Duoda. El cuerpo se confiesa: el incesto [1]

 

 

El incesto se olvida. Las mujeres (pacientes en carne o en espíritu) para salvarnos, para proteger el alma del delito clave, constitutivo, estructural del patriarcado, nuestro holocausto particular. Los hombres, salvo los que lo han padecido y otros sensibles a la diferencia sexual, lo olvidan para seguir fantaseando con cuerpos jóvenes y gráciles de mujer. Lo camuflan de muchos modos, uno
es, por ejemplo, convirtiendo su tabú en el origen de la cultura. Lidia Falcón en La razón feminista dice que el tabú del incesto, la prohibición del acceso de los padres, hermanos, tíos, abuelos, a los cuerpos de las niñas o niños de la familia, lo impusieron las madres para protegerles de la violencia de la sexualidad masculina patriarcal.

Ante el olvido, suerte que el cuerpo, como ha dicho muy sabiamente la artista Susanna Pruna Francesc −de la que hemos tomado prestado el título del Seminario−, el cuerpo se confiesa. Suerte también que el patriarcado no nos ha arrebatado del todo nuestra sabiduría milenaria del cuerpo y sobre el cuerpo. Aunque a las universitarias nos ha alejado mucho estudiar a René Descartes y a sus seguidores en lugar de a sus contemporáneas Margaret Cavendish o Anne Finch Conway. Esta última, filósofa, nacida en Londres en 1631, famosa por sus salones filosóficos y por padecer intensas migrañas que la mantenían días enteros en habitaciones oscuras, desmiente la tesis de Descartes sobre la incapacidad cognitiva del cuerpo en su único manuscrito conservado, Principios de la más moderna filosofía crítica (1690). En un pasaje de la obra, que recojo de Ingeborg Gleichauf, dice lady Conway:

La filosofía cartesiana dice que cada cuerpo es simplemente masa inerte, y no únicamente carente de cualquier tipo de vida o de sensación, sino además absolutamente incapaz de tenerlos en toda la Eternidad; este gran error debe ser también atribuido a todos aquellos que afirman que el cuerpo y la mente son opuestas y no pueden convertirse uno en otro, de tal manera que privan al cuerpo de cualquier tipo de vida y de sensación.[2]

Volviendo al cuerpo que se confiesa, este Seminario de Duoda, el número 30 que celebramos, trata de un doble acto de confesión, la del cuerpo y la de la palabra. Según María Zambrano en La confesión: género literario, la confesión es “la acción máxima que es dada a ejecutarse con la palabra”; es “palabra a viva voz en la que el sujeto se revela a sí”, es un “abrirse de la vida que no implica aceptar la verdad sino acceder a ella, revelación de sus entrañas”. “Toda confesión es hablada, es una larga conversación y desplaza el mismo tiempo que el tiempo real. No nos lleva como una novela a un tiempo imaginario”. Esta forma que tiene la confesión de hacernos entrar en
la verdad del ser manteniéndonos en el tiempo de la vida, no en la ficción narrativa de la autobiografía, es lo que permite que la palabra sea ejecutiva (palabra de Zambrano que hoy traduciríamos por performativa) no solo para las confesadas sino para las confesoras. ¿Por qué? Porque sentimos que se repite algo en nosotras, aunque nunca lo mismo. El Mee Too ha sido una performance colectiva de las mujeres, performance sanadora para quienes se han confesado y para las que hemos conectado con su verdad. Se nos ha desenredado algo de la confusión que genera tanta mentira bajo tanta normalidad. La aportación de Candela Valle Blanco trata precisamente del momento feliz de la curación cuando se desenreda la confusión, en este caso la confusión entre el sentir y el decir su sentido. Patricia Meza explora la dimensión política del salir del mutismo, cuando esto ocurre el patriarcado se desvanece de un plumazo. El valor que tienen sus indagaciones profundas en el dolor es que encuentran caminos para salir inmaculadas de la casa de los horrores del padre. El agradecimiento va de antemano.

Siguiendo a Monica Benedetti, otra de las muchas mujeres sufrientes de incesto, aquí estamos dispuestas “a revivir recuerdos horribles, a condición de que en el centro de la escena estén quienes han padecido, no los que han abusado”.[3]

 

 

 

[1] Il testo è pubblicato in Duoda. Estudis de la difèrencia Sexual-Estudios de la Diferencia Sexual, Universitat de Barcelona, N.57/2019, pp. 60-62.

[2] Ingeborg Gleichauf, Mujeres filósofas en la historia. Desde la Antigüedad hasta el siglo XXX, Icaria, Barcelona 2010, p.60.

[3] Monica Benedetti, “Pedofilia”, DUODA. Estudios de la Diferencia Sexual, 40 (2011), pp. 36-40.

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