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Partir de sí y pensamiento del pensamiento

Per amore del mondo 16 (2019) ISSN 2384-8944 http://www.diotimafilosofe.it/

 

 

Desde hace ya mucho tiempo hacen falta más estudios y, sobre todo, más práctica política en las universidades que abran un diálogo verdadero entre la escritura femenina europea continental y el feminismo universitario de lengua materna inglesa. Ha habido varios intentos, todos importantísimos, pero se sigue sintiendo como una imposibilidad, la imposibilidad de alcanzar una conexión profunda y de darnos mutuamente a entender. Por eso, todo intento, por ejemplo este cuidadísimo libro, es digno de celebración.

Me recuerdo a mediados de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX en los Estados Unidos de América, todavía estudiante, fascinada por la vitalidad y la fuerza del feminismo en las universidades de ese tiempo. Me recuerdo leyéndolo ávidamente todo, pasando horas y Horas en las librerías de mujeres y en las muchísimas librerías y bibliotecas que tenían balda tras balda de libros coloridos que hablaban finalmente de mí, de mis amigas, de mis hermanas y de mi madre, de mi deseo, de mi genealogía, de mi historia, de la poesía y las novelas escritas por mujeres… Pero ya entonces noté un abismo delicado entre, por ejemplo, la revista “Sinister Wisdom”, que me atravesaba cuerpo y alma, y las publicaciones típicas de los “Women’s Studies” de entonces, no todas, claro, no Adrienne Rich, por recordar a una grande, publicaciones que al alma no llegaban, dejándome dentro más tarea que sentir. Todo me interesaba, sí, de todo aprendía, pero “Sinister Wisdom”, por seguir con el mismo ejemplo, me interpelaba en primera persona y, en cambio, muchas de las demás obras feministas me interpelaban, sí, pero no en primera persona.

Hacia 1986, estando por azar en la librería de mujeres de Bolonia con tiempo para disfrutar de mirármelo todo, vi en la mesa de novedades el libro de Luisa Muraro Guglielma e Maifreda, storia di un’eresia femminista (Milán, La Tartaruga, 1985), leí el breve prólogo para ver si lo compraba, y me quedé cautivada por lo que para mí fue su idea principal: “In coloro che l’avvicinarono, come nei fatti e idee associati al suo nome, è possibile scorgere il segno lasciato dalla sua potenza umana femminile. Tentare di leggere quei segni era la cosa piú accessibile a me ed è insieme la cosa che considero piú importante per il mio sesso: significarmi.” “Intentar leer esos signos era lo más accesible para mí y lo que considero más importante para mi sexo: significarme”.   La frase la encontré, me encontró y me encontré: sentí que era lo que mi alma buscaba, esperaba. El significarse de otra me interpela en primera persona, conecta con mi sentir originario y me convierte en la que soy, permitiéndome partir de mí.  Este ha sido, para mí, desde entonces, el “symbolic order of Italian feminism” al que se refiere, si lo he interpretado bien, el subtítulo del libro que comento.

No mucho después, escribiendo un libro feminista nacido de una asignatura del máster de Duoda (Universidad de Barcelona), caí en la cuenta de lo difícil que era en la universidad el escribir partiendo de sí. Yo misma me lo impedía: todo lo personal que no fuera reivindicación sino sentir me parecía arriesgado o débil, inconsistente. Y aquí entró en escena el “significarme”, y me salvó, tanto si supe hacerlo como si no, porque otra lo había hecho, era ya política. La anécdota nada banal de la imposibilidad de traducir al inglés, en 1989, el título del libro de la Libreria delle donne di Milano Non credere di avere dei diritti (No creas tener derechos) porque era una frase y una idea indecibles en lengua inglesa en ese momento (la publicación en los Estados Unidos es de 1990, en Indiana University Press) me lo confirmó y me llevó a distanciarme del feminismo universitario norteamericano, que tantos contenidos me había dado pero no me había tocado el alma. Podría decir ahora que entendí que la escritura femenina se encuentra con la escritura femenina, no con el pensamiento del pensamiento.

Algo similar me ha pasado al leer, tantos años después, la compleja Introducción al libro Another Mother. Diotima and the Symbolic Order of Italian Feminism, escrita por los dos compiladores, Cesare Casarino y Andrea Righi, titulada Another Mother, Another Introduction, o el sofisticado artículo de Anne Emmanuelle Berger, o los demás artículos que no son de Diótima. La sensación es la de que, interesantes y eruditos como son esos textos, han dejado una vez más a la espera el significarse libremente una mujer, cuando la o los que escriben no son filósofas de Diótima, aunque conozcan muy bien el pensamiento y la obra de todas las filósofas de esta comunidad femenina que traducen y publican: Luisa Muraro, Chiara Zamboni, Diana Sartori e Ida Dominijanni.

Ocurre, en mi opinión de lectora, que el partir de sí es reemplazado, en los textos que arropan y comentan los de Diótima, por la objetivación. Pero el pensamiento de la diferencia sexual y la objetivación no se entienden bien entre sí: el primero, en realidad, no se deja objetivar por la segunda, de modo que la objetivación acaba encasquetando y reduciendo la libertad y la originalidad del pensamiento de Diótima, aunque sin destruirlas. Se siente un muro de los de Marlen Haushofer, muro transparente e infranqueable (Lévi-Strauss, Lacan, Bildungsroman…). La intención del libro, sin duda muy buena y útil para difundir, es -creo-  la de poner el pensamiento italiano de la diferencia sexual en lo que hace unos años se llamaba the mainstream, corriente principal del pensamiento, en la que en la investigación universitaria tiene la primacía histórica. Pero el pensamiento de la diferencia no se deja incluir ahí, por sí mismo y porque el patriarcado ha terminado. Lo recoge muy bien Cesare Casarino –el que menos objetiva y casi parte de si, sin lograrlo, llegando finalmente a un ambiguo “we”– en el artículo que cierra el libro, titulado Mother Degree Zero; or, Of Beginnings: An Afterword on Luisa Muraro’s Feminist Inaptitude for Philosophy, comentando el primer capítulo del libro El orden simbólico de la madre, titulado La dificultad de comenzar, un capítulo que ha inspirado y sigue inspirando a muchas mujeres, en el que Luisa Muraro escribe: “io comincio dal principio perché non so cominciare da dove sono e questo perché non sono da nessuna parte” (p. 8). En el libro y en la experiencia de Luisa Muraro, el lugar desde donde comenzar ella lo encontró en la política de las mujeres. Pero en Another Mother, diría que, ese lugar, los capítulos que no son traducciones de artículos de Diótima, no lo acaban de encontrar. Pienso que sin partir de sí y sin práctica de la relación es muy difícil explicar el orden simbólico de la madre y todo el pensamiento que le rodea. Es posible compararlo con unos y con otros, pero ahí no dice su secreto. Porque no dialoga verdaderamente con el pensamiento del pensamiento ni, en mi opinión, lo pretende. Se diría que no se puede comparar lo incomparable.

La obra, no obstante, cumplirá eficazmente su propósito de dar a conocer el pensamiento de Diótima en las universidades norteamericanas y contribuirá a que el trabajo de la mediación no se detenga. Además, será emocionante para muchas y bastantes el poder leer en lengua inglesa las traducciones de los preciosos textos de Diótima alrederor de los cuales gira el libro: una parte sustancial de Maglia o uncinetto: racconto linguistico-politico sulla inimicizia tra metafora e metonimia; Psicoanalisi e femminismo: Il complesso della madre morta; y Sul rapporto tra le cose e le parole, de Luisa Muraro; Lingua materna tra limite e apertura infinita, de Chiara Zamboni; Con lo spirito materno, de Diana Sartori; y L’impronta indecidibile, de Ida Dominijanni. Será apasionante saber cómo son recibidos y qué reacciones suscitan. Le deseo muy buena suerte.

 

 

 

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