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La revolución mística de Teresa de Jesús

* Madrid, Librería Mujeres y Compañía, 17 marzo 2015. Presentación del libro de María-Milagros Rivera Garretas, Teresa de Jesús, Madrid, Sabina editorial, 2014.

Hace ya tiempo, en 1990, la filósofa de Diótima entonces muy joven, Diana Sartori, escribió un artículo largo y precioso para explicarse por qué le atraían tanto la figura y la obra de Teresa de Ávila (como la llaman en Italia y como la ha llamado la izquierda política) a ella que no era creyente y que no admiraba nada las tradiciones canonizadas.1 Y llegó a la conclusión de que Teresa le atraía porque había tenido constantemente en cuenta su ser mujer, por el amor que sentía y expresaba hacia las que le acompañaron en su proyecto de vida, y por su talento para traducir el sentimiento amoroso femenino en relación política.

Teniendo en la cabeza el camino trazado por Diana, yo he intentado en el librito que presentamos hoy, veinticinco años después y en un mundo que la revolución informática ha cambiado muchísimo, ahondar en el triángulo que dibujan los tres vértices de Diana: el ser mujer, el amor a otras y la relación política, siendo el triángulo un signo corriente para referirse al espíritu. Espíritu al que las mujeres añadimos y garantizamos la vida, y con el que tenemos, por ello, una familiaridad especial.

Pienso que Teresa de Jesús revolucionó la vida del espíritu. La vida del espíritu me interesa personalmente, y me interesa también porque está muy presente desde hace dos o tres años entre el alumnado de mi Facultad (una facultad de Geografía e Historia), más entre las alumnas y cada vez más entre los alumnos. Está presente por ausencia, ausencia que ellas y ellos, a sus 18 o 19 años, resienten y, también, está ausente por saturación del paradigma de lo social, un paradigma que ha desautorizado la vida del espíritu porque no le encaja, no sabiendo qué hacer con ella. Está presente por ausencia, no en contra de lo social sino porque la gran fuerza explicativa de esta idea (lo social, la justicia social) está ya incorporada, tanto que la derecha usa, en los medios de comunicación, un lenguaje tan social como la izquierda y, últimamente, parece incluso sentirlo, sentirlo en su sentido primero, el de vibrar con él, no en el de lamentarlo: como es propio del conservadurismo, que conserva lo que se ha quedado por detrás del presente. Un ejemplo de lo que digo es este: hace poco, una alumna muy buena estudiante de primero del Grado de Historia del Arte, vino a hablar conmigo para decirme: estoy preocupada porque no sé si he escogido bien la carrera; yo (añadió) lo que quiero estudiar es la vida del espíritu.

Y no se le habría ocurrido nunca matricularse en una facultad de Teología. Y se encontraba con que en la carrera de Historia del Arte se le hablaba principalmente de la historia social del arte, desorientándola y confundiéndola. ¿Por qué confundiéndola? Porque para que algo sea social, primero tiene que ser. Las madres lo sabemos. Carl Marx también lo sabía, pero decidió darlo por supuesto y no pensarlo. Hoy hay alumnas y alumnos que quieren estudiar libremente lo que Marx, Engels y otros dieron por supuesto y no pensaron.

Hoy, el deseo de explorar el propio espíritu está en la calle. Por eso estamos ahora en una librería preciosa; por eso el libro en papel no desaparece. Por eso vuelve Teresa de Jesús, sin haberse ido del todo nunca.

Teresa de Jesús fue una genia de la vida del espíritu. Empezó de mayor, después de estar años en un convento en el que acabó insatisfecha precisamente por falta de alimento espiritual a su altura. Desde muy joven, Teresa supo que el matrimonio (más patriarcal en la Europa moderna que en la medieval), con el sometimiento a un hombre que muy probablemente comportaría para ella, era nocivo para su espíritu libre. Y creyó que su camino era la vida religiosa. Pero no fue exactamente así. No le sirvió la que encontró y, como nos pasa una y otra vez a las feministas, lo que no encontramos tenemos que fundarlo. Teresa lo hizo a lo grande, reformando de arriba abajo la Orden del Carmelo a la que pertenecía, una orden fundada en el siglo XIII que se había relajado mucho, quedándosele pequeña.

¿Qué medios encontró e inventó Teresa para montarse una vida en la que intentar ser feliz dedicándose de lleno a su espíritu? Su principal hallazgo o invención fue su revolución mística, una revolución que fue gestando durante los años de insatisfacción en el convento de la Encarnación de Ávila, y durante la enfermedad que la había llevado de sanadora en sanadora hasta el borde de la muerte. Mística es una palabra que no sabemos bien de dónde viene y nos resulta confusa: parece que deriva de “balbucear”o “balbucir”, en griego. Revolución balbuciente o balbuceante, pues: el espíritu balbucea mucho, le cuesta encontrar las palabras, las notas musicales, los símbolos: las poetas lo saben las que más. La revolución mística de Teresa de Jesús estuvo, por eso, muy centrada en la oración, que es rezar y es gramática: las dos (el rezo y la gramática) ayudan a balbucear menos, una (la oración) con la concentración, que en la revolución mística de Teresa fue concentración y oración mental, secreta y libre, y la otra (la gramática) con las secuencias expresivas y el orden que propone para que nos demos a entender, para que sepamos salir de dentro e ir a lo otro, a lo político.

La revolución mística de Teresa de Jesús consistió en creer firmemente que la espiritualidad personal de cada ser humano es soberana, es la protagonista de la política y es lo que cambia verdaderamente tu vida y el mundo. El espíritu es aire o pneuma o inspiración, es ánimo o alma, es energía dependiente de la materia que necesita comer muchísimo, como cuando una doctoranda, agotada, va a un acupuntor chino y él le dice que coma, que la tesis devora su energía espiritual con las reservas de su cuerpo; y el espíritu es lo simbólico, es la lengua materna. Teresa de Jesús tuvo la genialidad de no separar “vida” de “espíritu”, vida de lenguaje, experiencia de palabra. Es lo propio de la lengua materna u orden simbólico de la madre. Se dio cuenta de que la vida se deja tocar por la oración, especialmente por la oración mental, la libre, la suya. Escribió en su Libro de la vida: “Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva. La de hasta aquí era mía; la que he vivido desde que comencé a declarar estas cosas de oración, es que vivía Dios en mí” (XXIII.1).

Esto no es una distinción bizantina sino algo intensamente político, intensamente vivido. ¿Por qué? Porque el “libro nuevo” y la “vida nueva” mantienen unida la palabra con la acción perfecta, lo simbólico con la vida pasiva.2 Este es el significado de la palabra “símbolo”: “lanzar con”. Cuando una palabra es lanzada sin nada, sin un pedazo o pedacito de vida, de experiencia, no suena a nada y, fácilmente, lleva a acciones imperfectas, inconsistentes e imparables, como guerras, desilusiones, traiciones, fraudes. Cuando la palabra es lanzada al mundo con su fragmento de experiencia, entonces la acción es perfecta, consistente. Este es, en mi opinión, uno de los sentidos importantes del Camino de perfección de Teresa de Jesús, y uno de los sentidos, también, de la perfección que ella propuso como práctica espiritual/política a las mujeres que la siguieron.3

Por eso, la revolución mística de Teresa de Jesús va infinitamente más allá de la libertad de expresión. Y por eso interpela decisivamente a nuestro presente. La libertad de expresión se conforma con el decir, decir separado de la experiencia y de la práctica. De ahí resultan acciones imperfectas, a veces muy imperfectas. En los últimos meses hemos tenido ocasión de comprobarlo. Lo dijo de modo sencillo y eficaz una viñeta de Pat Carra, la autora del libro Bombas de risa entre otros muchos,4 una viñeta que decía: LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN OCCIDENTE. Y una mujer, su protagonista, replicaba: ¿PUEDO DECIR QUE NO SOY CHARLIE?5

Teresa de Jesús descubrió que las palabras, lo simbólico, no deben hacer el trabajo de la acción, ni la acción el trabajo de lo simbólico. Dicho de otra manera, descubrió que la toma de conciencia no debe pasar a la acción sin contar con la vida, en particular con lo pasivo de cada vida, sino esperándolo, contando con ello, y viceversa. Teresa, además de descubrirlo, lo puso en práctica en su propia vida y lo escribió con todo detalle para que nos sirviera a quienes venimos después.

Cuando presentamos este libro en Barcelona hace unas semanas,6 a principios de enero, Lola Moreno destacó la propuesta de la perfección, del camino de perfección de Teresa, como algo que le había interesado mucho, y le había interesado porque la liberaba de la competitividad como horizonte y le abría a un horizonte mucho más atractivo, el de la perfección, que ella quería explorar porque la competitividad no le daba ni gusto ni felicidad. Así, Lola juntó la toma de conciencia con la vida pasiva, esa que cuando una idea entra en acción sin contar con ella, suele ser inmolada, sacrificada a la idea. Destruyendo así la obra materna, que son cuerpos que hablan y relaciones primarias.

Y Clara Jourdan, en el mismo acto, dijo que, leyendo el libro que presentábamos, ella vio a un adolescente, a una adolescente, hacerse adulto o adulta durante la lectura de este librito. Es decir, vio cómo las palabras leídas actuaban en su cuerpo, ayudándole a hacerse cargo de su propia vida, su vida interior y su vida relacional, conduciéndole a la edad adulta. O sea, juntando la palabra con la acción pero dejando a cada una de ellas su trabajo y su sitio.

Muchas gracias.

 

Note

1

Diana Sartori, Por qué Teresa, en Diótima, Traer al mundo el mundo. Objeto y objetividad a la luz de la diferencia sexual, trad. de María-Milagros Rivera Garretas, Barcelona, Icaria, 1996, 41-78.

2

De esto han escrito: Chiara Zamboni, L’azione perfetta, Roma, Centro Culturale Virginia Woolf-Gruppo B, 1994, y Luisa Muraro, Vita passiva, en VV. AA., La rivoluzione inattesa. Donne al mercato del lavoro, Milán, Nuova Pratiche Editrice, 1997, 65-84, (Una revolución inesperada. Mujeres en el mercado del trabajo, trad. de Carolina Ballester Meseguer, Madrid, Narcea, 2011).

3 Sobre esto he escrito en El sentido femenino de la perfección en Teresa de Cartagena y Teresa de Jesús, en Fco. Javier Sancho Fermín y Rómulo Cuartas Londoño, eds., El libro del Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús, “Actas del Segundo Congreso Internacional Teresiano: Camino de perfección”, Burgos, Editorial Monte Carmelo, 2012, 189-198.

4 Madrid, horas y Horas, 2001, (Orizzonti di boria, Milán, Libreria delle donne, 1999).

5 En “DUODA. Estudios de la Diferencia Sexual” 48 (2015).

6 En la Llibreria Pròleg, el 3 de enero de 2015.

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