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La Madre nel Mare. L’enigma di Tiamat di Barbara Verzini

*Segue la traduzione dallo spagnolo di Barbara Verzini.

 

Esta joya de libro ofrece una interpretación femenina y feminista impecable de la fascinante historia de Tiamat, la Gran Diosa primigenia del Mar, madre sin coito del Todo, en la Mesopotamia sumeria. Su historia y su enigma están documentadas por escrito en un gran poema de los orígenes grabado con los preciosos signos de la lengua acadia por los guerreros usurpadores y asesinos de Tiamat en 7 tablas de piedra de 150 versos cada una. El poema se titula Enuma Elish, que significa Cuando en lo alto. La primera de esas tablas cuenta la historia de lo que era el Mundo antes de la llegada a Mesopotamia de los guerreros acadios, portadores en su mente del contrato sexual, que ellos impusieron con el filo de sus espadas sobre una sociedad matrilineal y matrifocal. El Enuma Elish se fecha en torno al siglo XII antes de la Era cristiana. Con la llegada de esos guerreros concluiría la primacía de una Era de la Perla.

 

La Madre nel Mare es un libro que, en mi opinión, inaugura un cambio de tercio en la actual política de las mujeres occidentales. Porque hace de verdad tabula rasa de la filosofía y de la teoría política masculinas del siglo XX que todavía tenían su huella misógina en la práctica y el pensamiento de la diferencia sexual; en particular el psicoanálisis de ese siglo y sus derivados del siglo XXI. Me lo confirmó el acto de su primera presentación, en remoto desde Nápoles, organizada por Stefania Tarantino el pasado 20 de diciembre de 2020. Este acto fue, para mí, la estampa de un nuevo Salón: el de las Preciosas del siglo XXI, cuya independencia simbólica es, por fin, de raíz, donaire y flores muy distintas de las mías. Fue la prueba de que hay en el Mundo Madres de pensamiento y de política que no son ni herederas de las feministas del último tercio del siglo XX ni una generación nueva, sino la tanda actual la de genealogía de Las Tres Madres de las religiones mediterráneas prepatriarcales, jamás desaparecidas. No me gusta la noción de “generaciones” porque no me reconozco en ella; me resulta patriarcal, edípica. Me reconozco, en cambio, en la genealogía femenina y materna, la que sabe reconocer a las Madres sin coito cuando llegan; y me reconozco en los contextos relacionales de los que ha escrito Marirì Martinengo. Me gusta la genealogía que, en este libro, es de la Esfinge que Edipo nunca entendió porque no reconoció a su madre aun teniéndola delante.

 

Ese acto de presentación de La Madre nel Mare me dio la ocasión de sentir y reconocer el milagro de la grandeza de la otra y de las otras que vienen después de mí y son Madres, no eslabones de una cadena de herencias. Ellas irrumpen, han irrumpido. Yo les estoy agradecida. Las Madres tienen que reconocer a las Madres venidas después para que haya política de las mujeres.

 

La historia de Tiamat ha sido hasta ahora un enigma porque en la cabeza de los investigadores no cabía la posibilidad de un Mundo sin patriarcado, un mundo real, no solo mítico, aunque los mitos su parte de realidad tengan siempre, como los tópicos. El mejor investigador era capax Dei, capaz de Dios, pero no capax Deae, capaz de Diosa. Su ciencia se terminaba donde empezaba el Dos. Y donde una mujer podía ser madre de cuerpos sin coito y de conceptos sin falo.

 

En La Madre nel Mare, Barbara Verzini descifra el enigma de Tiamat, no porque sepa más sino porque siente más y, reconociendo autoridad a su sentir propio originario, conoce más. ¿Qué universitaria no ha sentido alguna vez que en los paradigmas de conocimiento hay algo esencial que ella siente que es falso pero no sabe cómo decirlo? ¿Quién no ha sentido alguna vez que las palabras no alcanzan a decir lo que ella siente, tampoco en el feminismo? Es en las palabras donde actúa este libro, las famosas palabras para decirlo de la novela que tantas leímos en su día.

 

El enigma está en la violencia hermenéutica universitaria, en el ser una –una mujer– capaz de sentirla en lo profundo de sí, en el sentir que María Zambrano llamó sentir originario y Candela Valle Blanco llama sentir propio. Cuando una mujer alcanza a sentir en su profundo la violencia hermenéutica sufrida, las palabras salen y fluyen, sin Tomás de Aquino, sin Hegel, sin Marx, sin Freud, sin Lacan, sin Nancy, sin feminismo patriarcal. Es lo que ocurre con este libro: La Madre nel Mare mira esos autores con distancia, sin verlos. No aportan nada a su visión. Su visión es inmaculada. Por eso, su palabra fluye en las ondas del agua dulce y salada de Tiamat.

 

¿Qué me ha dado a mí este libro que me aclare, que me dé que pensar? La verdad es que me ha dado una cosa que me ha desbaratado mucho y que me sigue tambaleando la expresión, el habla. Es la claridad con la que muestra que toda creatividad viene del Caos; porque en lo profundo del Caos hay Armonía, armonía posible que es desencadenada por el propio proceso creador femenino, proceso a veces dulce, a veces muy angustioso. Sin que Caos y Armonía hagan una oposición binaria. ¿Quién no recuerda de cuando era niña el misterio del caos de su madre, y cómo al mismo tiempo ella sabía dónde estaba todo? Es esto precisamente la primigenia Tiamat, la Gran Diosa Madre sin coito sumeria: el Caos que sabe dónde está todo.

 

De donde se deduce que ni el Caos es lo contrario del Orden ni es tampoco sinónimo de desorden. Orden y desorden son, ahora sí, una oposición binaria o antinomia del pensamiento, operación mental que nunca le ha dado nada a una mujer. Lo cual está teniendo para mí consecuencias políticas y filosóficas importantísimas. Porque Barbara Verzini en este libro muestra que, históricamente, el orden –como el temible Ordine nuovo que reivindicaban con gran violencia unos y otros cuando yo era estudiante– es siempre el Orden de la espada, el orden impuesto con la espada. Un orden que es en primer lugar patriarcal, es el que a punta de espada impusieron los guerreros acadios para derribar la sociedad matrilineal y matrifocal regida por Tiamat. Ellos, con la espada de la Edad del Bronce, o del Hierro, no lo sé, cortaron a Tiamat en dos, según relatan los bellísimos petroglifos del Enuma Elish. Su espada sigue siendo hoy el falo, y su orden el orden fálico, en sus distintas variedades históricas, todas temibles.

 

Lo cual, a su vez, tiene consecuencias muy importantes en lo relativo al orden simbólico. Yo he tenido siempre dificultad en las aulas para explicar el orden simbólico de la madre porque, aunque había estudiado a Lacan, no lo había aprendido, y no sabía, por tanto, que era una noción suya: esto me habría hecho sospechar. Tampoco entendía por qué algunas filósofas hablaban de orden simbólico patriarcal y orden simbólico de la madre, como si hubiera dos órdenes simbólicos, cuando mi mejor tesoro del libro El orden simbólico de la madre de Luisa Muraro, había sido que la lengua es una y –deducía yo– hay un orden simbólico y es de la madre. Este libro me lo ha aclarado. Barbara Verzini me ha enseñado que lo simbólico no es un Orden, sino la Armonía del Caos. Existe lo simbólico y es de la madre. Los órdenes, nacidos de las órdenes, salen del uso violento de la espada. Por tanto, existe lo simbólico de la madre, que es la lengua materna, su armonía; y existe o existía el orden simbólico patriarcal, no armónico sino violento.

 

Lo cual coincide con el sentido de “simbólico” y de “símbolo” que enseñaba mi madre en clase de griego: derivan de sun- ballein “lanzar con”, con su porción de Caos transportada con la voz por el sentir propio originario de la hablante.

 

Una vez abierta esta fuente, el libro explica fluidamente cómo tanto conocimiento machista nace de una separación, por ejemplo, el Génesis y sus enormes derivados culturales: cómo la separación es una de las operaciones favoritas de la violencia hermenéutica, dicho ahora con mis palabras, hasta llegar a separar a una mujer de su placer y de su orgasmo.

 

Y entre otras muchas cosas, el libro explica el hasta ahora para mí absurdo diálogo entre Edipo y la Esfinge. A la segunda pregunta de la Esfinge, la que dice: “Hay dos hermanas de las que una genera a la otra y de las cuales la segunda a su vez genera a la primera ¿quiénes son?” se decía que Edipo contestó: “El día y la noche”, cuando la respuesta es “Las Tres Madres”. Las dos primeras hermanas (hermanas de sexo) son la madre y la hija; la tercera es la hija cuando la madre le reconoce autoridad, porque, en ese momento, ella reconoce a su hija, Madre, la Tercera Madre, primera de la Trinidad siguiente y enlazada. Maravilloso Enigma el de la Esfinge / Madre. ¿Quién tiene una madre que no sea Esfinge, enigma?

 

Todo ello, Barbara Verzini lo explica partiendo de sí, de la relación con su madre nunca eclipsada por la relación con la maestra, y partiendo también de su propia esencia, que la autora transporta a la escritura con la alegoría de la ancha y deforme boca de la rana. Cuando yo era niña en Bilbao, se jugaba en la plaza o en la calle a La rana, probando a lanzar con o sin puntería una moneda en su gran boca abierta y bronceada. No era fácil. La rana es madre sin coito, y canta incansable entre la tierra y el agua, en cuya orilla deja sus huevos para que sean fecundados sin ella. En la rana y su gran boca, Barbara Verzini pone el signo de su originalidad filosófica, que rompe la forma y está en los sonidos.

 

La atención minuciosa a las palabras y a sus sonidos que este libro enseña, me ha llevado últimamente a una revelación que para mí es importante. Durante tiempo he buscado el cabo suelto que sentía que quedaba en la interpretación femenina libre de la historia del Templo original de Delfos dedicado a Gê(a), la Diosa Madre sin coito equivalente en la Europa mediterránea de la Tiamat babilónica y mesopotámica. Neus Calvo Escamilla ofreció hace unos años en su La E de Delfos una explicación preciosa de la insignia de Gê(a) grabada en la piedra del templo auténtico: la Épsilon de los tres trazos, pero algo quedaba pendiente. Influida por el libro de Barbara Verzini, la atención al sonido de la E me ha dictado lo obvio, obvio que es dificilísimo de rescatar con el pensamiento del pensamiento: la épsilon de los tres trazos es en primer lugar el sonido E de la lengua materna, sonido y desinencia que en la lengua griega simbolizaba lo femenino, el género gramatical femenino, la diferencia sexual, como en Gê, como en Kore (Niña, Virgen), como en los famosos atributos kale kai agaze (bella y buena) propios de las mujeres y de lo femenino. Como en el probable lema de la Diosa Gê(a) de Delfos que usurparían los guerreros de la polis, del contrato sexual y de la democracia ateniense, el probable Gnothi seautón (Conócete a ti misma) cuyo sonido E fue sustituido por el sonido O (masculino) en el posterior templo patriarcal dedicado a Apolo, el tan repetido Gnothi seautón (Conócete a ti mismo) de los filósofos clásicos y postclásicos. Tuvo que ser así porque la madre viene siempre antes, está siempre antes y te enseña a hablar hablando, no por escrito: la lengua materna se aprende oyendo, oyéndola de la boca de tu madre, preferiblemente estando en la armonía cálida de sus brazos. La lengua materna es en primer lugar y siempre lengua oída, como el mensaje de la concepción sin coito de María de Nazaret (una mujer cualquiera) en la escena de la Anunciación / Encarnación. Pienso que esto tiene consecuencias en la noción de simbólico, o de armonía simbólica, como dice la autora de La Madre nel Mare. Y también en la noción de escritura femenina, porque esta conserva en el texto la voz de la madre y los sonidos de la lengua materna. La escritura femenina se ve y se oye; la escritura del pensamiento del pensamiento solamente se ve: no trae el sonido de la voz de la madre ni lleva la huella de la lengua materna, aunque los signos sean los mismos, porque se ha separado de la madre, de la Alma Mater, incluso ha roto con ella y la ha prohibido.

 

La Madre nel Mare. L’enigma di Tiamat es el libro que inaugura la Colección A mano, fundada en 2020 en kdp.amazon.com por Barbara Verzini y María-Milagros Rivera Garretas. La Colección A mano es una casa abierta y disponible en el frío mar de internet, un fuego femenino amable para la escritora que se quiera autoeditar sin someterse a juicio ni a capital ajeno, juicio y capital hoy más atentos a las ventas que a lo escrito. Su sentido lo hemos dicho así: A mano es una Colección de libros de Escritoras fieles a la genealogía femenina y materna, inspiradas en la creatividad del caos, del placer clitórico, del sentir originario, de la relación sin fin y de la radicalidad de Dama Amor, orientadas por la felicidad y el bien.

 

Barbara Verzini La Madre nel Mare. L’enigma di Tiamat. Verona y Madrid, Edizione indipendente, 2020, 110 páginas.

 

 

 

(Traduzione dallo spagnolo di Barbara Verzini)

 

Questo prezioso libro offre un’impeccabile interpretazione femminile e femminista dell’affascinante storia di Tiamat, la Grande Dea Primordiale del Mare, madre senza coito del Tutto, nella Mesopotamia babilonese.

La sua storia e il suo enigma sono documentati per iscritto in un grande poema delle origini, inciso con i preziosi segni della lingua accadica dai guerrieri usurpatori e assassini di Tiamat, su 7 tavole di pietra di 150 versi ciascuna. Il poema si intitola Enuma Elish, che significa Quando in alto.

La prima di queste tavole racconta la storia di ciò che il Mondo era prima dell’arrivo in Mesopotamia dei guerrieri accadi, portatori nella loro mente del contratto sessuale che imposero con il filo delle loro spade ad una società matrilineare e matrifocale.

L’Enuma Elish è stato datato intorno al XII secolo prima dell’Era cristiana. Quindi con l’arrivo di questi guerrieri si concluderebbe il primato di un’Era della Perla.

 

La Madre nel Mare è un libro che, a mio avviso, inaugura un cambio di scena nella politica attuale delle donne occidentali. Perché fa per davvero tabula rasa delle filosofie e della teoria politica maschili del XX secolo, che ancora calcavano la propria impronta misogina nella pratica e nel pensiero della differenza sessuale; in particolare la psicoanalisi di quel secolo e i suoi derivati del XXI secolo. Me lo ha confermato l’atto della sua prima presentazione, in remoto da Napoli, organizzato da Stefania Tarantino lo scorso 20 dicembre 2020. Questo atto è stato, per me, il quadro di un nuovo Salotto: quello delle Preziose del XXI secolo, la cui indipendenza simbolica è infine di radice, fusto e fiori molto differenti dalla mia. È stata la prova che nel Mondo ci sono Madri di pensiero e di politica che non sono né eredi delle femministe dell’ultimo terzo del XX secolo, né una nuova generazione, bensì l’attuale ciclo della genealogia delle Tre Madri delle religioni mediterranee prepatriarcali, mai scomparse. Non mi piace la nozione di “generazioni” perché non mi ci riconosco; la trovo patriarcale, edipica. Mi riconosco invece nella genealogia femminile e materna, quella che sa riconoscere le Madri senza coito quando arrivano; e mi riconosco nei contesti relazionali di cui Marirì Martinengo ha scritto. Mi piace la genealogia che, in questo libro, è della Sfinge che Edipo non capì mai, perché non riconobbe la propria madre neppure avendola di fronte.

Questo atto di presentazione di La Madre nel Mare mi ha dato l’opportunità di sentire e riconoscere il miracolo della grandezza dell’altra e delle altre che vengono dopo di me e sono Madri, non anelli di una catena di eredità. Loro irrompono, sono già qui. Io sono loro grata. Le Madri devono riconoscere le Madri venute dopo perché ci sia politica delle donne

 

La storia di Tiamat è rimasta un enigma sino ad ora perché nella testa dei ricercatori non entrava la possibilità di un Mondo senza patriarcato, un mondo reale, non solo mitico, nonostante i miti contengano sempre la loro parte di realtà, come la topica.

Il miglior studioso era capax Dei, capace di Dio, però non capax Deae, capace di Dea. La sua scienza terminava dove iniziava il Due. E dove una donna poteva essere madre di corpi senza coito e concetti senza fallo.

 

Nel libro La Madre nel Mare, Barbara Verzini decifra l’enigma di Tiamat, non perché sappia di più ma perché sente di più e, riconoscendo autorità al suo sentire proprio originario, conosce di più.

A quale universitaria non è capitato di sentire qualche volta che nei paradigmi della conoscenza c’è qualcosa di essenziale che lei sente essere falso ma non sa come dirlo? Chi non ha mai sentito che le parole non arrivano a dire quello che lei sente?

È nelle parole dove agisce questo libro, nelle famose parole per dirlo, del romanzo che in tante abbiamo letto a suo tempo.

 

L’enigma sta nella violenza ermeneutica universitaria, nell’essere una – una donna – in grado di sentirla nel profondo di sé, nel sentire che María Zambrano chiamò sentire originario e Candela Valle chiama sentire proprio. Quando una donna arriva a sentire nel suo profondo la violenza ermeneutica subita, le parole escono da lei e fluiscono, senza Tommaso d’Aquino, senza Hegel, senza Marx, senza Freud, senza Lacan, senza Nancy, senza femminismo patriarcale. È quello che accade in questo libro: La Madre nel Mare guarda questi autori con distanza, senza vederli. Non apportano nulla alla sua visione. La sua visione è immacolata. Per questo la sua parola fluisce nelle onde dell’acqua dolce e salata di Tiamat.

 

Cosa mi ha dato questo libro per chiarirmi, per darmi da pensare? La verità è che mi ha dato una cosa che mi ha scossa molto e che continua a muoversi facendo vacillare l’espressione, la parola. È la chiarezza con cui mostra che tutta la creatività viene dal Caos; perché nel profondo del Caos c’è armonia, armonia possibile perché scatenata dal proprio processo creatore femminile, processo a volte dolce, a volte molto doloroso. Senza che Caos e Armonia formino un’opposizione binaria. Chi non ricorda da bambina il mistero del caos della propria madre e di come, allo stesso tempo, lei sapesse sempre dov’era tutto? Questa è precisamente la Tiamat primordiale, la grande Dea Madre senza coito babilonese: il Caos che sa dove c’è tutto.

 

Da cui si deduce che né il Caos è l’opposto dell’Ordine né è sinonimo di disordine. Ordine e disordine sono, adesso sì, un’opposizione binaria o un’antinomia del pensiero, un’operazione mentale che non ha mai dato nulla a una donna. Cosa che sta avendo per me delle conseguenze politiche e filosofiche importantissime. Perché Barbara Verzini in questo libro mostra che, storicamente, l’ordine – come il temibile Ordine nuovo che rivendicavano con grande violenza gli uni agli altri quando io ero studentessa – è sempre l’Ordine della spada, l’ordine imposto con la spada. Un ordine che è, prima di tutto, patriarcale, è quello che imposero a colpi di spada i guerrieri accadici per distruggere la società matrilineare e matrifocale governata da Tiamat. Loro, con la spada dell’Età del Bronzo, o del Ferro, non lo so, tagliarono Tiamat in due, come raccontano i bellissimi petroglifi dell’Enuma Elish. La loro spada continua ad essere oggi il fallo, e il loro ordine l’ordine fallico, nelle sue distinte varietà storiche, tutte temibili.

 

La qual cosa a sua volta ha delle conseguenze molto importanti rispetto l’ordine simbolico. Ho sempre avuto difficoltà nelle aule a spiegare l’ordine simbolico della madre perché, nonostante avessi studiato Lacan, non l’avevo imparato, e quindi non sapevo che l’ordine simbolico fosse una nozione sua: questo mi avrebbe fatta sospettare.

Né avevo capito perché alcune filosofe parlassero di ordine simbolico patriarcale e ordine simbolico della madre, come se ci fossero due ordini simbolici, quando il mio più grande tesoro nel libro L’Ordine Simbolico della Madre di Luisa Muraro, era stato che la lingua è una e – avevo dedotto io – c’è un ordine simbolico ed è della madre. Questo libro me l’ha chiarito. Barbara Verzini mi ha insegnato che il simbolico non è un Ordine, ma l’Armonia del Caos. C’è il simbolico ed è della madre. Gli ordini, nati dagli ordini (comandi), vengono dall’uso violento della spada. Esiste dunque il simbolico della madre, che è la lingua materna, la sua armonia; ed esiste o è esistito l’ordine simbolico patriarcale, non armonico bensì violento.

 

Questo coincide con il senso di “simbolico” e di “simbolo” che insegnava mia madre nelle lezioni di greco: derivano da sun- ballein “lanciare con”, con la sua parte di Caos, trasportata con la voce, grazie al sentire proprio originario della parlante.

 

Una volta aperta questa fonte, il libro spiega fluidamente come tanta conoscenza maschilista nasca da una separazione, ad esempio nella Genesi e i suoi enormi derivati culturali: come la separazione sia una delle operazioni preferite della violenza ermeneutica, detto ora con le mie parole, fino ad arrivare a separare una donna dal proprio piacere e dal proprio orgasmo.

 

E tra le tante cose, il libro spiega il dialogo, che sino ad ora consideravo assurdo, tra Edipo e la Sfinge. Alla seconda domanda della Sfinge, quella che dice: “Ci sono due sorelle delle quali la prima genera l’altra e la seconda a sua volta genera la prima, chi sono?”, si diceva che Edipo abbia risposto: “Il giorno e la notte”, quando la risposta è “Le Tre Madri”. Le prime due sorelle (sorelle di sesso) sono la madre e la figlia; la terza è la figlia quando la madre le riconosce autorità, perché, in quel preciso momento, lei riconosce sua figlia, Madre, la Terza Madre, prima della Trinità successiva e intrecciata. Meraviglioso Enigma della Sfinge / Madre. Chi ha una madre che non sia Sfinge, enigma?

 

Barbara Verzini spiega tutto questo a partire da sé, dalla relazione con sua madre mai eclissata dalla relazione con la maestra e anche partendo dalla sua stessa essenza, che l’autrice porta nella scrittura attraverso l’allegoria della grande e deforme bocca della rana. A Bilbao, quando ero bambina, si giocava in piazza o per strada a La rana, cercando di lanciare una moneta, con o senza prendere la mira, nella sua grande bocca di bronzo aperta. Non era facile. La rana è madre senza coito e canta instancabile tra la terra e l’acqua, sulla cui riva lascia le proprie uova in modo che possano essere fecondate senza di lei. Nella rana e nella sua grande bocca, Barbara Verzini mette il segno della sua originalità filosofica, che rompe la forma e sta nei suoni.

 

L’attenzione minuziosa alle parole e ai loro suoni, che questo libro insegna, mi ha recentemente portata ad una rivelazione che per me è importante. Per molto tempo ho cercato che cosa sentivo fosse rimasto in sospeso, nell’interpretazione femminile libera della storia del Tempio originale di Delfi dedicato a Gê(a), la Dea Madre senza coito equivalente, nell’Europa mediterranea, alla Tiamat babilonese e mesopotamica. Neus Calvo Escamilla offrì qualche anno fa nel suo La E di Delphi una preziosa spiegazione dell’insegna di Gê(a) incisa sulla pietra dell’autentico tempio: la Epsilon dei tre tratti, ma qualcosa rimaneva pendente. Influenzata dal libro di Barbara Verzini, l’attenzione al suono della E mi ha comunicato ciò che è ovvio, un’ovvietà difficilissima da riscattare con il pensiero del pensiero: la epsilon dei tre tratti è prima di tutto il suono E della lingua madre, suono e desinenza che nella lingua greca simboleggiavano il femminile, il genere grammaticale femminile, la differenza sessuale, come in Gê, come in Kore (Bambina, Vergine), come nei famosi attributi kale kai agaze (bella e buona) propri delle donne e del femminile. Come nel probabile motto della dea Gê(a) di Delfi che i guerrieri della polis, del contratto sessuale e della democrazia ateniese, avrebbero usurpato, il probabile Gnothi seautón (Conosci te stessa) dove il suono E venne sostituito con il suono O (maschile) nel posteriore tempio patriarcale dedicato ad Apollo, il tanto ripetuto Gnothi seautón (Conosci te stesso) dei filosofi classici e postclassici. Deve essere stato così perché la madre viene sempre prima, è sempre prima e ti insegna a parlare parlando, non per iscritto: la lingua materna si impara ascoltandola, ascoltandola dalla bocca di tua madre, preferibilmente stando nella calda armonia delle sue braccia. La lingua materna è in primo luogo e sempre lingua ascoltata, come il messaggio della concezione senza coito di Maria di Nazaret (una donna qualunque) nella scena dell’Annunciazione / Incarnazione. Penso che questo abbia delle conseguenze sulla nozione di simbolico, o di armonia simbolica, come dice l’autrice di La Madre nel Mare. E le abbia anche nella nozione di scrittura femminile, perché questa conserva nel testo la voce della madre e i suoni della lingua materna. La scrittura femminile si vede e si ascolta; la scrittura del pensiero del pensiero si vede solamente: non porta il suono della voce della madre, né porta l’impronta della lingua materna, anche se i segni sono gli stessi, perché si è separata dalla madre, dall’Alma Mater, addirittura ha tagliato con lei, arrivando a proibirla.

 

La Madre nel Mare. L’enigma di Tiamat è il libro che inaugura la Collana A mano, fondata nel 2020 in kdp.amazon.com da Barbara Verzini e María-Milagros Rivera Garretas. La Collana A mano è una casa aperta e disponibile nel freddo mare di internet, un fuoco femminile amabile per la scrittrice che desideri autoeditarsi senza sottomettersi a giudizio né a capitali stranieri, giudizio e capitale oggi più attenti alle vendite che a ciò che è scritto. Il suo senso l’abbiamo spiegato così: A mano è una Collana di libri di Scrittrici fedeli alla genealogia femminile e materna, ispirate dalla creatività del caos, del piacere clitorideo, del sentire originario, della relazione senza fine e della radicalità di Dama Amore, orientate dal bene e dalla felicità.

 

 

 

 

 

 

 

 

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