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Aurora ya tiene 20 años

Per amore del mondo 16 (2019) ISSN 2384-8944 http://www.diotimafilosofe.it/

 

 

A comienzos de 2019 apareció el nº 20 de Aurora; acaba de cumplir, pues, 20 años; su subtítulo,  Papeles del “Seminario María Zambrano”, indica que se trata de una revista, esto es, un texto de autoría plural, que nació de una decisión ilusionada, y un poco inconsciente también. Al hilo de las circunstancias ha ido creciendo, modificando su fisonomía al incorporar cambios a su particular desarrollo, con esa vida propia de los textos que interpelan y responden, y así intervienen en la vida de quienes leen y escriben en contacto con ellos.

La invitación a dirigir una mirada retrospectiva a su historia es una ocasión privilegiada para volver sobre lo que fue una experiencia de lectura y trabajo en común y transmitirla, para ver lo que ha cambiado y lo que queda, para dar cauce quizás a lo que pudiera impulsar su continuidad.

Dedicada a la obra de María Zambrano, una obra esencialmente vinculada a la biografía personal de su autora, la revista es fruto de las posibilidades y retos que esta ofrece, pero también punto de encuentro de historias -las de quienes hemos colaborado en su creación y en el itinerario que ha seguido- que se cruzan para después diverger. Tal vez como toda revista, acoge un juego de voces y ecos que está en el origen de su naturaleza coral. Por la dificultad de reconstruir su trayecto en el tiempo, me propongo reparar solamente en alguno de los aspectos de lo que ha ido, según la expresión zambraniana, “germinando en la sombra” hasta el momento actual, cuando los cambios, en la revista y en el equipo de redacción, animan a retomar objetivos e intereses reformulándolos, pero atendiendo siempre a los escritos de la autora y a su contexto de recepción.

Aurora nació de la necesidad y el deseo de dar a conocer el trabajo realizado por el “Seminario María Zambrano”, un pequeño grupo de investigadores muy jóvenes, interesados en el pensamiento de la autora, que así comenzaron a autodenominarse. Ante la escasa, o nula, presencia académica de María Zambrano, percibida como una ausencia no del todo justificada, había surgido, dos años antes, la iniciativa por parte de estos jóvenes de convocar una jornada de intercambio de experiencias de lectura; debido a la favorable acogida que recibió, decidimos llevar a cabo una nueva convocatoria al año siguiente. La convocatoria de las segundas jornadas, gracias al apoyo y colaboración de la Fundación María Zambrano en su difusión, encontraron un eco y una respuesta tal que todas nuestras expectativas se vieron desbordadas.

La publicación de un libro en la editorial Trotta, Claves de la razón poética, con una selección de los trabajos presentados en las jornadas, se unió a la decisión de constituirnos como grupo de investigación con la voluntad de dar continuidad a aquellos enriquecedores encuentros -que durante diez años, a principios de mayo, se celebraron anualmente- y de crear una revista que fuese su medio de expresión, compartiendo, en consecuencia, las mismas motivaciones, esto es, el deseo, por una parte, de acercarnos a una autora que, sin ser desconocida, aún no había sido incorporada a los estudios de Filosofía en el ámbito académico, por otra, de abrir un espacio de encuentro y debate en torno a su obra. Insisto en este origen común a la revista y el Seminario porque, aunque la revista ha ido modificando su estructura a lo largo de estos veinte años, de aquí surgen algunos de sus rasgos más característicos.

En los comienzos de este proyecto hubo mucho de aventura; muchas ilusiones compartidas, mucho trabajo. Desde la elección del nombre de la revista y su estructura, a la obtención de la imprescindible, y siempre azarosa, financiación, todo fue fruto de un esfuerzo continuado y gratuito, confiado a la desinteresada colaboración de quienes apoyaron el proyecto con su participación, cuyo resultado, con la aparición de cada uno de los primeros números, no dejaba de sorprendernos y de impulsar su desarrollo.

Como consecuencia de su origen, la revista tenía un carácter marcadamente abierto y flexible, acogiendo aportaciones de investigadores reconocidos y también de estudiosos, o simplemente interesados en la obra de María Zambrano cuya nota común era el respeto a la autora y la sensibilidad a su capacidad de hablar para todos, algo que nos llevaba no solo a escuchar y atender a sus intervenciones, sino a contar con ella.

Así, del respeto a la autora surgió el título, con el que nos parecía seguir sus indicaciones, puesto que, como ella misma afirma, “en todo lo que he escrito y en todo lo que he vivido, aparece la aurora”[1]; y también  la forma de trabajo, atenta a su obra, aún no del todo disponible, y la estructura de la revista, que incluía una sección de “Documentos”, con textos inéditos o de difícil acceso directamente relacionados con el tema monográfico de cada número, así como un “Informe bibliográfico”, aportando la bibliografía específica desde un estudio de la obra, publicada e inédita, de la autora. Partiendo del interés en contar con ella, acordábamos los temas a los que se dedicaban las jornadas y el número correspondiente, eligiéndolos por su importancia en el pensamiento zambraniano, pero también por tratarse de cuestiones en las que se echaban en falta estudios pormenorizados y respecto a las que su aportación pasaba a formar parte de algunos de los debates actuales.

Al estar motivados por el empeño en incorporar su intervención, la selección de temas y de la forma de abordarlos obedecía, en consecuencia, al orden marcado por nuestras preocupaciones intelectuales, pero también a lo que los textos de Zambrano pedían,.

Tomando siempre como punto de partida los escritos de la autora, el nº 1 estuvo dedicado a la cuestión de la mujer en los mismos, al modo en el que Zambrano asume su condición femenina, a la relevancia que en su obra adquieren las diversas figuras, mujeres reales o personajes a los que da voz a través de su escritura. Si este tema proporcionó una perspectiva singularmente adecuada para aproximarnos a su aportación, algo similar podría decirse del elegido a continuación -el tratamiento del tema de la “ciudad” y su trato con determinadas ciudades que marcaron su trayecto biográfico y personal-, o del interés concedido al “estilo” de una autora que se sitúa en los límites del discurso filosófico renovándolo radicalmente, un interés que nos condujo a atender al tema de los géneros literarios y a la utilización de imágenes y símbolos que configuran el vocabulario característico de la racionalidad poética.

Al perfil de la autora que así iba apareciendo, intentamos darle un contenido más preciso mediante la propuesta de nuevos aspectos y temas – la pintura, los sueños, la relación con el mundo griego y con la tradición-, muy presentes en su obra y, sin embargo, todavía  no estudiados e investigados suficientemente. Convencidos de la capacidad que el pensamiento zambraniano tiene de enriquecer el debate teórico, la voluntad que teníamos de contar con su aportación estuvo orientada por la doble preocupación de atender con fidelidad a lo que dijo y, por otra parte, de darlo a conocer, llevando a expresión y compartiendo nuestra experiencia de lectura.

El Seminario y su revista vino a ser así un espacio de diálogo entre especialistas reconocidos y jóvenes, con la única pretensión de proporcionar, justamente, un lugar de encuentro, siempre abierto a nuevas intervenciones, en el que ofrecer nuestras aportaciones como algo “en germen”, fieles ante todo a la vocación de la autora de transmitir el “filosofar”, evitando su cristalización en interpretaciones que se pretendan exclusivas o definitivas.

Aurora, desde sus primeros números, unió la investigación documental sobre la obra de Zambrano a la búsqueda de nuevos interlocutores, más allá de las fronteras, geográficas o de disciplinas académicas. Al reto de abrir horizontes y contextos de recepción ayudó, sin duda, la acogida internacional de esta iniciativa: de Italia, de Portugal, de América latina… llegaron miradas muy diferentes, imprescindibles para reparar en las múltiples posibilidades de un discurso universal, nacido, sin embargo, de la biografía personal de su autora, profundamente vinculada a la circunstancia histórica española. Igualmente, la revista, que inicialmente tuvo un carácter genéricamente cultural, contaba con una sección de “Información cultural” en la que, además de la noticia sobre actividades realizadas en torno a la obra de María Zambrano, concedimos una atención especial a su recepción por parte de artistas de diversos campos, cuyas aportaciones incorporamos y de los que recogimos no sólo colaboraciones desde el campo de la poesía, sino también entrevistas, testimonio de su influencia en el ámbito de la pintura (Jesús González de la Torre, en el nº 8 y Rosa Mascarell, en el 9), de la escultura (Marisa Ordóñez, en los números 4 y 5), de la fotografía (Marga Clark, en el nº 6), de la música (Guillermo Mc Gill, percusionista y compositor, en el nº 2).

El año 2004, con la celebración del centenario del nacimiento de la autora y las numerosas actividades a las que dio lugar, supuso un impulso considerable al estado de los estudios zambranianos del que Aurora se hizo eco. De hecho, se diría que, a partir del nº 8, la revista inicia una nueva etapa, con una más explícita vinculación a la Filosofía, también en su aspecto académico, consecuencia, por una parte, del cambio perceptible en el estado de la investigación, una nueva situación ocasionada por el creciente interés en una autora cuya presencia se hacía ya notar en la Universidad, multiplicándose los trabajos sobre su obra, y, por otra, no menos importante, del desarrollo del equipo que se ocupaba de su edición, un equipo en continuo proceso de modificación debido a la juventud de sus miembros y a su, en muchos de los casos, inestable relación con la institución universitaria.

Las nuevas circunstancias nos sugirieron la conveniencia de reparar muy especialmente en el lugar que María Zambrano ocupa en la filosofía contemporánea, en el diálogo que mantuvo con quienes fueron contemporáneos suyos y en el papel que su pensamiento juega en el escenario actual. La propuesta de reflexionar sobre el sentido y el alcance de la relación de la autora con la filosofía del siglo XX supuso la apertura de una perspectiva con indefinidas posibilidades teóricas.

La relativamente nueva orientación encontró su expresión en algunas modificaciones formales, introducidas para recoger las exigidas características propias de una publicación científica, una vez reconocida como tal por la Universidad de Barcelona, con vistas a su indexación. Estas modificaciones culminaron en un nuevo formato, a partir del nº 13, cuya maquetación y aportaciones artísticas está desde entonces a cargo de un grupo de profesores de Bellas Artes, artistas, pues, que de manera desinteresada colaboran con nosotros y ponen así de relieve la potencialidad del discurso zambraniano para incentivar la creatividad en otros registros. En cierto modo, para celebrar la inauguración de esta etapa, el nº 13 apareció acompañado de un nº especial en el que, bajo el título “Documentos de María Zambrano”, recogimos una selección de los escritos que se habían publicado anteriormente en la sección “Documentos” que, en la nueva estructura, desaparecía, así como desaparecía también la de “Información cultural”.

Los números dedicados a enfocar la relación, de muy diverso signo, de María Zambrano con autores como Scheler o R. Char, por ejemplo, y, por supuesto, con Nietzsche, Heidegger y Ortega y Gasset (tema monográfico de los números 10, 12 y 13) contaron con la colaboración –además de investigadores jóvenes de ámbito nacional e internacional, como es nota habitual de Aurora– de muy reconocidos especialistas en el pensamiento de estos autores, lo que supuso una importante apertura en el enfoque de los trabajos y un impulso al reconocimiento de Zambrano y los estudios sobre su obra en el ámbito de la Filosofía contemporánea.

Desde el punto de vista del contenido, y en el marco que abría este horizonte de lectura, encontramos dos grandes temáticas –la poesía y el exilio (abordadas en los nº 11, 14 y 15)-, decisivas en la articulación del pensamiento de la autora y constantes en los debates actuales, en los que la aportación de la autora resulta especialmente original y sugerente.

La evolución del equipo de redacción de la revista, pero también el punto al que había llegado nuestro trabajo hasta el momento, la existencia de nuevas relaciones de colaboración con distintas Universidades y centros de investigación, y, sin duda, la incidencia de la edición de las Obras completas de María Zambrano, que contaba con la participación activa de algunos de nosotros, supuso la necesidad de un nuevo momento de detención: los nº 16 y 17, bajo el rótulo de “Perspectivas” recogen este momento, del que surgió un renovado interés por alguna de las peculiaridades de la obra de la autora, concretado en los temas monógraficos de los últimos números: sus escritos autobiográficos, la novela, Persona y democracia,  y también su relación con el arte y las artes, actualmente en preparación.

A lo largo de estos 20 años se diría que Aurora ha ido adquiriendo una cierta madurez, una suerte de independencia con respecto a los avatares de su realización e incluso a las decisiones del equipo de redacción. Su reconocimiento por parte de la Universidad de Barcelona como revista científica ha obligado a una simplificación en su estructura (en la actualidad incorpora artículos de investigación y un dossier bibliográfico con reseñas y notas) y al cumplimiento de una serie de características formales que la dotan de una fisonomía propia, especialmente cuidada en su aspecto estético y que intenta mantener, en lo posible, las notas que caracterizaron su proyecto original.

Debido a que el considerable número de colaboradores y la diversidad de formas de colaboración imposibilita su enumeración, he evitado conscientemente proporcionar el nombre de quienes, en mayor o menor medida, hemos encontrado en este proyecto una vía de expresión, haciendo del trabajo en la revista una aportación reconocible a los estudios zambranianos.

Por otra parte, la pérdida de aquella espontaneidad que tuvo en sus inicios se encuentra de alguna forma compensada por la riqueza de relaciones a las que esta iniciativa ha dado lugar, abriendo el horizonte de discusión a nuevas perspectivas y temas, marco en el que vale la pena contar con una autora que transmite la vida del pensar, al llevar a expresión “lo que pide ser sacado del silencio”.

 

[1] María Zambrano, “A modo de autobiografía” en Anthropos, nº 70-71, 1987, pág. 71.

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